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Azaña fue enterrado cubierto con la bandera de México, ¿Quieres saber por qué?

En su homenaje, en el 70 aniversario de la conmemoración de su muerte


En el exilio: dimisión y muerte

Desde Les Illes viajaron a Collonges-sous-Salève, adonde llegaron el día 6 de febrero para instalarse en La Prasle, una casa que su cuñado, Cipriano Rivas, y mujer, habían alquilado el verano del 38. Desde allí, le confirmó al embajador en Francia, Marcelino Pascua, que llegaría el día 8 a París, donde estaría varios días.

El 12 le presentó su renuncia el general Rojo y el 18 Negrín le envió un telegrama instándole a que, como presidente, debía volver a España. Azaña, sin embargo, tenía claro que no iba a volver, como tenía claro que presentaría su dimisión en cuanto Francia y Reino Unido reconociesen al gobierno de Franco. Así, pues, regresó a Collonges el 27 de febrero (dos días después de que se diese el visto bueno al establecimiento de relaciones diplomáticas con España) y desde allí envió la carta de dimisión al presidente de las Cortes.46

El 31 de marzo, en una reunión de la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados en París, Negrín criticó duramente la decisión de Azaña de no volver a España, calificándolo casi de traidor, palabras que, al menos, fueron respaldadas por Dolores Ibárruri.47

El comentario de Azaña sobre esas declaraciones, conocido a través de una carta a Luis Fernández Clérigo, se produjo el 3 de julio y fue en la dirección de insistir en lo ya expuesto en otras ocasiones: la ilegitimidad intrínseca del nuevo régimen frente a la legitimidad republicana, que se basaba no en la supervivencia de las instituciones en el exilio sino en el haber sido elegidas por el pueblo español, algo a lo que habría que terminar por volver. Por lo demás, decidió apartarse de toda actuación política personal convencido de que sería completamente inútil. En su opinión, lo que había que intentar hacer era no tanto la República, sino la emoción nacional que esta representaba, siendo así que lo más importante era recuperar las condiciones para que los españoles pudiesen elegir libremente el régimen que deseasen.

Aislado, pues, de lo político, intentó centrarse en su labor intelectual y decidió publicar una versión retocada de los diarios de 1937 con el título de Memorias políticas y de guerra. Los cuadernos de La Pobleta y su obra dialogada La velada en Benicarló. Solo esta segunda llegó a publicarse en agosto de 1939 en Buenos Aires. También empezó una serie de artículos sobre la guerra en la revista The World Review, pero que no tendría continuidad porque el inicio de la Segunda Guerra Mundial desplazó el interés periodístico hacia esta. En su primer artículo, Azaña insistió en dos de sus ideas más frecuentes en lo relativo a la guerra: en responsabilizar a la política franco-británica del descalabro de la República, responsables también, por omisión, de la intromisión de la Unión Soviética en España; y en la necesidad que había de resistir no para vencer, como quería Negrín, sino para obligar al enemigo a terminar negociando.

Entre abril y diciembre del 39, la presión del nuevo embajador de España en Francia José Félix de Lequerica terminó por causar sus efectos, pero más en España que en Francia. Allí se decidió aplicar a Azaña la ley de 9 de febrero de responsabilidades políticas, para lo cual el juez instructor hubo de recabar diversos informes de varias partes. Es en estos informes donde se expone por primera vez de una forma nítida la visión que de Manuel Azaña quiso popularizar el nuevo régimen: enemigo del ejército, la religión y la patria, pervertido sexual, masón y marxista.48 La consecuencia del auto fue el embargo de todos sus bienes (incautados por Falange Española, previamente) y una multa de cien millones de pesetas.

Azaña permaneció en Collonges hasta el 2 de noviembre, cuando ante el temor de que Francia fuese invadida por Alemania, se tuvo que mudar a Pyla-sur-Mer, cerca de Burdeos, instalándose en la villa L’Éden con su mujer y cuñados, entre otros.

A principios de enero de 1940, una gripe mal curada del verano anterior se le manifestó de nuevo. Los médicos, sin embargo, descubrieron de paso una gravísima afección aórtica con considerable dilatación del corazón y varios problemas en el sistema cardiaco. Hasta mayo, su salud fue delicadísima:

pasaba las horas sentado día y noche en un sillón de orejas, sufriendo espasmos y continuos ataques de tos, escupiendo sangre, sin poder hablar, sin fuerza para llevarse nada a la boca, sin sueño, sin dormir, lleno de alucinaciones, descansando gracias a buenas dosis de calmantes que no suprimían un permanente estado de nerviosismo e inquietud.49

Ya mejorado, recibió a principios de junio a Miguel Maura, quien le propuso reconocer al gobierno de Franco a cambio de una amnistía general. Azaña consintió, pero expresó también sus dudas acerca de que Franco accediese a algo así. Finalmente, la propuesta no llegó a plantearse.

En las semanas siguientes, la presión del nuevo régimen provocó los primeros movimientos para que los exiliados buscasen la salida hacia México. El 19 de junio Negrín invitó a Azaña y a su cuñado a ocupar dos asientos libres en un barco hacia México. Su estado de salud impidió a Azaña aceptarlo.

El 25 de junio, acompañado de su mujer, de Gómez Pallete y Antonio Lot, fue trasladado a Montauban en ambulancia a la zona libre francesa, para escapar de los alemanes. Allí se instaló en un pequeño piso del doctor Cave, que había sido alquilado como refugio de exiliados españoles.

Con media Francia ocupada por el ejército alemán y otra media bajo administración del gobierno de Pétain, el 10 de julio fue detenida por la gestapo, ayudada de miembros de Falange, toda su familia y allegados que se habían quedado en Pyla-sur-Mer, siendo deportados inmediatamente.

 

Tumba de Manuel Azaña en el cementerio urbano de Montauban.

Azaña se resintió del hecho y sufrió un amago de ataque cerebral. El 20 de julio se difundió una orden por la que se disponía que se le negase el visado de salida de Francia a a los antiguos dirigentes republicanos españoles.

La llegada a Montauban de un grupo de falangista puso sobre alerta al grupo de Azaña; el embajador de MéxicoLuis Ignacio Rodríguez Taboadaalquiló unas habitaciones en el Hotel du Midi, adonde fue trasladado Azaña el 15 de septiembre.

El 16 sufrió un grave infarto cerebral que le afectó al habla y le provocó parálisis facial. Un mes después, parecía sin embargo estar bastante recuperado, hasta el punto de que el nuevo obispo de Montauban, Pierre-Marie Théas, que acababa de intervenir para lograr la conmutación de la pena de muerte recientemente impuesta a Cipriano de Rivas, se acercó hasta el hotel para conocerlo. Con todo, a finales de octubre sufrió una nueva recaída de la que ya no se podría recuperar:

pasadas las diez de la noche del día 3 de noviembre, viéndole morir y angustiada por su soledad en aquel dolor, [Dolores de Rivas] encargó a Antonio Lot que llamara a Saravia y [una] monja, soeur Ignace, que cumpliendo sus deseos volvió un poco más tarde acompañando al obispo. Y así, en el momento de su muerte, (…) a las doce menos cuarto de la noche, rodeaban a Manuel Azaña (…) su mujer, Dolores de Rivas Cherif, el general Juan Hernández Saravia, el pintor Francisco Galicia, el mayordomo Antonio Lot, el obispo Pierre-Marie Théas y la monja Ignace.50 51

El entierro tuvo lugar el día 5. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7).

El mariscal Pétain prohibió que se le enterrara con honores de Jefe de Estado: sólo accedió a que fuera cubierto su féretro con la bandera española, a condición de que ésta fuera la bicolor rojigualda tradicional y de ninguna manera la bandera republicana tricolor. El embajador deMéxico decidió entonces que fuera enterrado cubierto con la bandera mexicana. Segun explica en sus memorias, Rodríguez le dijo al prefecto francés:

Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección.
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