Mi página personal e íntima (L’illa)

Pequeño manual para jóvenes rebeldes

La ira contra la injusticia permanece intacta. El nazismo cayó, la Resistencia triunfó, pero la amenaza de tiranía no ha desaparecido. El entrañable y poderoso Stéphane Hessel, alto diplomático anciano, guerrillero resistente, redactor de la Declaración Universal de Derechos Humanos y padrino de las redes de protección de los sin papeles, ha logrado colocar en millones de mentes francesas en las últimas semanas su indignación. Hoy Destino pone a la venta el libro en España. El pequeño panfleto, ¡Indignaos!, escrito a sus 93 años, es un modesto libro que grita basta ya.

El iluminado: Contra el proyecto europeo de Sarkozy

Nada auguraba el éxito del libro hace tres años, en tiempos del sarkozysmo triunfante, cuando Hessel, el embajador de Francia y exguerrillero antinazi, entró en resistencia de nuevo. La prensa de referencia estimaba que Nicolas Sarkozy, por tener tres adornos en su Gobierno en la forma de tres ineficaces y jóvenes ministras africanas, era de centro y un chico bonito. Nadie veía el proyecto de restauración de la supremacía blanca europea del que Sarkozy era máximo exponente. Nadie veía el internamiento y la expulsión de niños sin papeles por decenas de miles.Stéphane Hessel, en medio de la indiferencia general, sí lo vio. Y lanzó el primer desafío: “Hay que resignarse a constatar que se violan muchísimos derechos fundamentales en nombre de temores y miedos. Es el miedo de los dirigentes a que su autoridad sea cuestionada. Contra eso, tenemos que rebelarnos”, explicó entonces a Público.

El alto diplomático, tras apoyar de forma organizativa a varios movimientos de resistencia civil franceses y tras ir en persona a echar una mano a los palestinos, redactó este corto planfleto. En pocos días, el bombazo fue inmenso. Ahora, siete semanas en cabeza de ventas y 12 ediciones en Francia después, ya ha sido traducido a 24 lenguas.

“En este mundo, hay cosas insoportables. Hay que mirar bien”

La insurrección: Un llamamiento claro, sin excusas retóricas

Sin duda el primer secreto del éxito está en el lenguaje y en el franco optimismo de la acción propio de Hessel. No todo el mundo puede hablar tan claro, sin sectarismos. No hay ni una sola perífrasis en su obra, ni una sola excusa retórica, ni una sola frase dogmática, ni un momento de pesimismo.

El manifiesto lleva siete semanas en el número uno de ventas en Francia

“En este mundo, hay cosas insoportables. Para verlo, hay que mirar bien, hay que buscar. Yo digo a los jóvenes: buscad un poco, vais a encontrar. La peor actitud es la indiferencia. (…) Si os comportáis así, perderéis una de las componentes esenciales que hacen lo humano. Una de las componentes indispensables: la facultad de indignación, y el compromiso, que es consecuencia de la misma”. Y concluye: “Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a poner en marcha una acción ciudadana fuerte. Buscad, y encontraréis”. El panfleto de Hessel no está escrito por alguien que busque las medallas de salón: es un llamamiento a la acción para una “verdadera insurrección pacífica”.

El desafío: Mantener las conquistas logradas hace 70 años

Es un llamamiento a la acción para una verdadera insurrección

Para poder hablar así, hay que tener una historia personal. Mil detalles colocan hoy a Hessel en una posición clave: niño de orígenes judío-berlineses acogido con los brazos abiertos en Francia. Luego, de joven, con la ocupación nazi, vio más claro que otros. Ya anciano, en el siglo XXI, también. Y en esa clarividencia, derivada de su vida, destaca un punto del panfleto que probablemente sea el desafío clave de la década entrante.

Hessel recuerda que, con Francia todavía ocupada, guerrilleros comunistas y guerrilleros de derechas se pusieron de acuerdo para decidir que educación, protección de la infancia, seguridad social, igualdad, jubilaciones, propiedad pública de los grandes medios de producción y dignidad para los trabajadores eran el progreso. Pese a los destrozos de la guerra, lo lograron y construyeron una de las sociedades más igualitarias, cultas y prósperas que existen.

“¿Cómo puede ser que hoy falte dinero para mantener y prolongar esas conquistas, cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la liberación, un período en que Europa estaba arruinada?”. Respuesta meridiana: “Pues porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca ha sido tan enorme como ahora, insolente, egoísta, y equipado con sus propios siervos, colocados hasta en las más altas esferas del Estado”.

“El poder del dinero nunca ha sido tan enorme como ahora”

La valentía: Basta con la minoría para levantar a la masa

Fuerte es la tentación hoy de resignarse a pensar que será imposible salir del atolladero de la pobreza que crece, de la destrucción de la sociedad y de la civilización y de la mediocridad de la escena política. Pero Hessel es un hombre que vio los cuernos al toro en una situación mucho peor: el colaboracionismo en Francia. Por eso tiene otro secreto que susurrar a los jóvenes.

Hessel señala la responsabilidad del individuo para levantarse

“Cuando intento comprender lo que causó el fascismo, lo que hizo que fuéramos invadidos por él y por Vichy, me digo que lo que ocurrió es que los pudientes y quienes poseían algo, con su egoísmo, habían tenido un miedo terrible a la revolución bolchevique. Se dejaron guiar por sus miedos. Pero si hoy, como entonces, una minoría activa se levanta, eso bastará, y tendremos la levadura para que la masa suba”, escribe. El orden es blando y fácil de tumbar. Los que asienten son sólo unos cobardes, parece decir. “Tú eres responsable, en tanto que individuo”, de hacer imposible ese orden blando de la cobardía sobre el que se levantan las tiranías más crueles.

Los motivos: Contra la competición, la amnesia y el consumo

Dice que a los jóvenes les cuesta encontrar motivos para la indignación

El autor asegura que hoy es más difícil para un joven detectar un motivo de indignación. Todo está dominado por “medios de comunicación que proponen a nuestra juventud el horizonte del consumo masivo, el desprecio a los débiles y a la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza”. Hessel recuerda que hay dos grandes pozos sin fondo para la indignación: uno, “el abismo inmenso que separa a los más pobres de los más ricos”, en el Magreb por ejemplo. Otro, la destrucción de cada vez más derechos humanos, normalmente considerados universales, en un planeta degradado ecológicamente.

En 2008, Hessel explicaba a Público sus temores: “A las causas tradicionales de afluencia de extranjeros pobreza y tiranía mañana va a sumarse una nueva fuente de inmigración: la degradación del planeta y el cambio climático. Va a haber zonas del planeta donde será imposible vivir. La gente estará obligada a irse”. Frente a los poderes que ven ya la posibilidad de organizar un mundo rico, rodeado de una masa de infrahumanos, lanza un llamamiento “por una insurrección pacífica” y “no violenta”.

La bandera: La rebelión debe caminar sin terrorismo

El anciano diplomático, que ha visto todas las guerras y de todos los colores, que las ha combatido desde finales de los años treinta, confiesa que su principal causa de indignación ahora es la situación de Palestina. Se ha probado que Israel es capaz de cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Por eso, Hessel estima que toca izar una bandera. “Es insoportable que ciertos judíos puedan hoy perpetrar crímenes de guerra”.

Tras señalar el desequilibrio entre decenas de heridos israelíes y los más de 1.400 hombres, mujeres y niños palestinos muertos, destaca: “Podemos decir que el terrorismo es una forma de exasperación. Y que la exasperación es un término negativo. No habría que esperanzarse. Habría que poder esperar. La exasperación llega cuando se te deniega la esperanza. Es comprensible y hasta diría que natural, pero no por ello el terrorismo es aceptable”. Lo que todavía no ha aclarado es qué hará con los beneficios. ¿Bastaría lo recaudado para financiar la revolución?

Hessel no está solo

José Luis Sampedro también está indignado con la indiferencia ante las injusticias y se une al llamamiento del autor francés, con el prólogo de la edición en castellano de ‘¡Indignaos!’.

Principios

En el concreto y directo prólogo, José Luis Sampedro asegura que sus vivencias y las de Hessel “han sucedido en el mismo mundo”. El filósofo español reconoce a Hessel como un “brillante héroe de la Resistencia francesa”, que siempre se mostró “a favor de la paz y la justicia”. Recuerda que ambos nacieron en 1917, vivieron una guerra, soportaron una dictadura y también comparten el malestar por la escandalosa situación que se vive en Palestina y la “bárbara” invasión de Irak. Pero recuerda que no se trata ahora de empuñar las armas ni de actuar como terroristas.

Dinero

Con ironía, Sampedro se pregunta por el bienestar y la inexplicable necesidad de una revolución en “nuestra maravillosa civilización occidental”. Dibuja un decorado en el que las democracias han puesto a salvo a “los financieros, culpables indiscutibles de la crisis”. Subraya que siguen tranquilos y sin pérdidas. ¿Y qué se ha hecho? Nada: “Ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema”. Es decir, “el dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos”.

Voluntad

De la indignación nace la voluntad de compromiso con la historia, apunta Sampedro de forma categórica. “De la indignación tiene que salir hoy la resistencia contra la dictadura de los mercados. Debemos resistirnos a que la carrera por el dinero domine nuestras vidas”, explica Sampedro. El autor de ‘La sonrisa etrusca’ advierte lo que Hessel parece decir a los más jóvenes, que tengan cuidado y no pierdan todo lo que su generación ha luchado por conseguir. Toca defenderlo, mantenerlo y mejorarlo. “No permitáis que os lo arrebaten”, exclama para que actúen, pero sin violencia.

 

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